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Algo poco visto está pasando en el mapa industrial de México y es que empresas que antes solo consideraban a Monterrey o la frontera norte ahora están apostando por Oaxaca, así lo afirmó Altagracia Gómez Sierra, coordinadora del Consejo Asesor Económico Regional y de Relocalización, quien aseguró que el estado vive un momento único para despegar como polo industrial, económico y logístico del siglo XXI.

“La construcción —infraestructura y vivienda— es el sector que más empleo y contenido nacional genera, peso por peso. Y Oaxaca tiene todo para detonar desde ahí”, dijo.

Señaló obras clave como la línea Z del Corredor Interoceánico, la expansión del puerto de Salina Cruz y la remodelación de la terminal de usos múltiples, que permitirán atraer carga desde Asia hacia América y Europa. Todo eso, en palabras de Gómez, convierte a Oaxaca en una “puerta viable y estratégica”.

Más allá de cemento y acero, la funcionaria destacó otro activo poderoso: la juventud oaxaqueña. Con una de las poblaciones más jóvenes del país, Oaxaca puede ofrecer a las empresas mano de obra capacitada si se consolidan programas de educación técnica, certificaciones y modelos de formación dual. “Eso es lo primero que buscan las empresas cuando planean a largo plazo”, recalcó.

Uno de los casos más ilustrativos es el de Arcis, una empresa del norte del país que decidió instalar en Oaxaca una planta de reciclaje y transformación de aluminio —una industria escasa en México, donde gran parte del aluminio se sigue importando—. “Son procesos industriales pesados, que demandan mucha energía y generan empleos bien pagados. Y eligieron Oaxaca sobre Monterrey”, dijo Gómez.

La apuesta, además, no solo es nacional. Empresas europeas ya están invirtiendo en proyectos de energía renovable, incluyendo desarrollos de hidrógeno verde y azul. Es una señal de que el sur del país no solo puede competir con otras regiones, sino que también puede liderar en sectores estratégicos del futuro.

“Oaxaca no tiene que parecerse a Nuevo León para ser competitivo. Tiene su propia vocación y sus propias fortalezas”, concluyó Gómez Sierra. En otras palabras: el sur ya no es solo el futuro prometido, es el presente en construcción.