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Lo que se promocionó como una celebración cultural y familiar terminó convertido en un espectáculo de exhibicionismo sexual explícito en plena vía pública. El llamado Carnaval 2026 en Puerto Escondido desató indignación luego de que bailarines realizaran actos considerados lascivos, obscenos y de exposición corporal indebida, mostrando glúteos, bajando su vestuario y ejecutando movimientos de marcada connotación sexual frente a familias y menores de edad. 🚨

No se trató de una insinuación artística ni de una comparsa atrevida: fue una exhibición corporal explícita sin advertencia ni clasificación, en un evento abierto y masivo. Padres de familia denunciaron que nunca se informó que el contenido tendría ese tipo de carga sexual. Muchos acudieron creyendo que sería un desfile tradicional.

🎭 Deslindes que no apagan la polémica

Ante la ola de críticas, el agente municipal de Puerto Escondido, Iván Mijangos, se deslindó públicamente del evento, asegurando que la Agencia Municipal no participó en la organización.

Sin embargo, la organización del carnaval habría estado bajo la responsabilidad del presidente municipal de San Pedro Mixtepec, Miguel Olvera, señalado como la autoridad que tomó decisiones sobre la realización y el contenido del evento.

Entre declaraciones y deslindes, la pregunta persiste:

¿Quién autorizó un espectáculo de ese tipo en un espacio público y familiar?

⚖️ Más que fiesta, una falla institucional

El problema no es solo moral, es administrativo y político. Un evento público implica:

• Planeación y supervisión de contenido.
• Criterios claros sobre clasificación y público objetivo.
• Protección de la niñez y respeto a la convivencia familiar.

Cuando un carnaval cruza la línea entre expresión artística y espectáculo sexual explícito, deja de ser solo polémica y se convierte en una falta de responsabilidad pública.

Puerto Escondido es un destino reconocido internacionalmente por su belleza y hospitalidad. 🌊

Lo ocurrido no solo generó indignación social, también expuso una preocupante falta de control institucional.

Porque más allá de los deslindes, la responsabilidad recae en quien:

✔️ Autorizó el evento.
✔️ Contrató el espectáculo.
✔️ Permitió su realización sin filtros ni advertencias.

La discusión ya no es si fue “atrevido” o “artístico”.
La discusión es por qué se permitió.