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La Delegación Sindical D-III-4 del personal de apoyo y asistencia a la educación (PAAE) ha encendido la polémica al presentar un pliego de demandas que mezcla exigencias laborales que corresponden a la gremial y a su dirigencia con peticiones que rayan en lo insostenible: nutrivales de hasta 2,500 pesos, festejos del Día de Muertos con chocolate, pan de yema y mole, además de tómbolas, desayunos, regalos del Día del Amor y la Amistad, Día del Niño, Día de la Madre y del Padre, así como celebraciones de fin de año. Todo esto mientras se exige también recategorizaciones, plazas automáticas, interinatos y beneficios salariales.

El problema no es solo el contenido, sino la forma. Este grupo decidió irse por la libre, rebasando a la dirigencia de la Sección XXII —que representa a más de 80 mil trabajadores de la educación en Oaxaca— y adelantándose en demandas que, en teoría, corresponden a una negociación colectiva de toda la estructura sindical. Es decir, no solo pidieron mucho: pidieron por todos… sin ser todos.

Más grave aún, lo hicieron omitiendo al resto del personal de apoyo que labora en las regiones y pueblos del estado, rebasando incluso a su propia secretaria general Yeni Pérez y a toda la dirigencia sindical en su conjunto. Todo esto ocurre en un momento clave, cuando la Sección 22 realizará su Asamblea Estatal este fin de semana para revisar entre otras demandas, de manera colectiva su pliego petitorio, el cual será entregado el próximo 1 de mayo.

A ello se suma que sus acciones de presión incluyeron bloqueos que afectaron directamente a terceros: ciudadanos, trabajadores, estudiantes y pacientes que intentaban llegar a hospitales. La protesta dejó de ser gremial para convertirse en un acto que vulnera el derecho al libre tránsito, generando rechazo social incluso entre sectores históricamente solidarios con el magisterio. Además, se reporta que privaron de la libertad a personas, incluyendo gente con salud delicada, lo que podría constituir la comisión de un delito.

Lo contradictorio es evidente. Mientras la Sección 22 se rige por sus principios rectores, la D-III-4 parece ignorarlos abiertamente dijeron maestros consultados que nos hicieron llegar las violaciones a sus normas internas como:
• El Principio Rector 19 habla de fortalecer la unidad sindical y evitar la fragmentación. Aquí ocurrió lo contrario: división y ruptura con la dirigencia.
• El Principio Rector 9 rechaza el regionalismo y el control de grupos. Sin embargo, la delegación actúa como un bloque cerrado que impone su agenda.
• El Principio Rector 7 plantea independencia política y organización colectiva, no agendas particulares ni gestoría por cuenta propia.

En los hechos, la D-III-4 no solo contradice estos principios, sino que los desmantela en la práctica.

Esto abre una pregunta incómoda pero inevitable:
¿qué hará la Sección 22 ante este grupo?

¿Aplicará sus propias normas y sancionará a quienes rompieron la disciplina sindical? ¿O permitirá que continúe esta dinámica donde cada delegación negocia por su cuenta, bloquea calles y exige desde plazas hasta festividades con recursos públicos? También exigen que se les renten oficinas sindicales, cuando para ello existen sus propias cuotas #

Porque el fondo del asunto no es menor. En un contexto de limitaciones presupuestales, pedir plazas y derechos laborales puede ser debatible; pero exigir también fiestas, regalos, mole, chocolate y tómbolas financiadas indirectamente con recursos públicos coloca al movimiento en una posición difícil de defender ante la sociedad. En este sentido, también debe ponerse en tela de juicio lo absurdo de varias de sus demandas .

La D-III-4 ha puesto sobre la mesa algo más que un pliego petitorio: ha evidenciado una tensión interna en la Sección 22, se pasaron por el arco del triunfo a su dirigente entre la disciplina colectiva y los intereses.

Y en esa tensión, la pregunta ya no es solo qué piden…sino hasta dónde está dispuesto el sindicato a tolerarlo.